martes, 24 de octubre de 2017

                                       Farolas y despedidas



Recuerdo que le dije que tenía una buena historia para esto.

No necesité mucho tiempo para ver que tan lejanos nos habíamos vuelto y cuanto me alegraba que terminara antes de que me conociera tal cual era. 

Recuerdo que después de decidirme mire por penúltima vez la farola que había presenciado nuestros últimos encuentros y pensé “hacia donde alcanzará a llegar su luz cuando hayan pasado los años suficientes para remplazarla? ¿Es igual de efímera como los amores de juventud? ¿Es igual de superficial como esas miles de parejas que pasan riendo, discutiendo, besándose cada día mientras su única razón de ser es la mutua compañía”  Patético; pensar en muchas cosas cuando no se quiere pensar en lo necesario y que más duele. Pero aquí estoy jurando que será la última vez.

Historias igual a mentiras. 
Mentiras igual a falsedad. 
Falsedad igual a desinterés que es igual a pérdida de algo que no recuerdo, igual a la araña que sube por la farola justo donde ahora apoyo mi mano solo para aferrarme a algo ajeno y sin importancia pero real porque justo ahora él me parece más ficticio que el pretexto que pienso poner para que todo lo que teníamos desaparezca. Pero no importa. Me iré en unas horas y pienso olvidarlo todo. 
Ese tipo de cosas se le dan bien a las personas que odian la intimidad  que proporciona  el ser descubiertas física y sentimentalmente  por el otro al que creen amar. ¿Inseguridad? ¿Miedo? Puedes llamarlo como quieras porque para mi   es una especie de instinto que evita que alguien además de nosotros mismos nos quiebre un poco más el alma de los que nuestra propia miseria y odio personal puede hacer. Está bien, solo necesito dejar de pensar.  Mente  aturdida, palabras vacías.

La luz de la farola es cada vez más débil, supongo que se siente desplazada por el sol que amenaza desde un lado del mundo pintando tontos tonos de rosa y naranja que solía mirar cuando era una niña mientras ese sentimiento de admiración infantil me invadía como solo las cosas más cotidianas pueden hacerlo a esa edad. Solía ser buena y menos egoísta pero ya no importa. En cuanto él se aleje primero yo volveré a mi nada en algún lugar de Marruecos.

Las historias están tomando forma en mi cabeza y se convierten en palabras falsas pero seguras. 
Agito la mano para que me vea, sonrío cuando se acerca,  no lo nota, estoy a punto de irme.

lunes, 17 de julio de 2017

Estar

Hoy vino mi madre y al verla la enfermera volvió a mentirle. ¿Cuantas veces más debo escuchar esperanzas vacías? Supongo que ese es precio por permanecer así; a veces soñando a veces imaginándome en otro lugar o simplemente esperando.

Poco a poco se vuelve más difícil saber que sonido es real y cual lo he inventado para sobrellevar este estúpido ruido en mi cabeza; la voz de mi hijo deseándome un buen día en el trabajo, la voz de mi madre encargando despensa, el sonido del teléfono que no pude contestar antes de partir y que nunca sabré quien tendría la fortuna de escuchar mi última risa, porque claro, justo ahora considero una fortuna todo lo que implica vivir.

 Ahora vendrá un médico como cada día a decirle a mi madre cosas que preferiría no saber, como la condición de mis piernas, el estado de mi sistema neurológico -ojala le dijera como callar los recuerdos- o la apariencia de mi piel cuyo estado me tiene sin cuidado ¿A quién le interesa eso cuando no se siente ni el aire que se respira? Que estupidez. Al final cuando mi madre haya tratado de hacerse una idea bastante clara él también le mentira. No los juzgo.

Estar sin estar. La materia y el espíritu a punto de separarse. Si dejara de pensar en todo lo que hay fuera de mi cuerpo o conectado a el y lo tenía hace unas semanas, estaría bastante bien.

Se han ido, primero el médico con paso apresurado y después mi madre dejando en mi memoria unos cuantos sollozos que ruego a Dios que haga callar antes de llegar a casa y mirar a Marcos.

Silencio, bendito silencio… “no puedes faltar a la junta del viernes” “ya estamos ensayando para el festival de la independencia mamá” “cuando llegues a casa…” “él dijo que el reporte…” “la portada estará termin…”


Vacío

sábado, 10 de junio de 2017

                                                                      Descuida... es solo un grito

Hay gritos que simplemente no se pueden olvidar nunca por el simple hecho de provenir de lo profundo del cuerpo, ahí donde se conecta con el alma cuando esta quiere salir o separarse de su grosera envoltura.  Recuerdo algunos, variando en intensidad y duración dependiendo del sentimiento y aún se me eriza la piel.

Una madre rodeada de personas de color azul, postrada sobre una mesa sin gracia bajo la luz blanca que ilumina en mayor medida sus genitales, esperando a que la razón de su sufrimiento asome la cabeza entre sus muslos mojados por sangre y sudor se refugia en gritos de desesperación y dolor mientras siente que el tiempo se ha detenido y piensa que se está rompiendo por dentro. ¿Puedes escucharlo?

Una chica que espera el metro justo a la mitad de la estación mientras escucha Airbag en sus viejos audífonos y observa a un niño frente a ella, justo al otro lado de las vías que señala a alguien o algo bajo el reloj, ella le sonríe cuando cree que sus miradas se cruzan pero el niño  la ignora, no importa, solo puede pensar en cuanto tiempo podrá llegar a casa, en cuanto tiempo terminará los proyectos pendientes, en cuanto tiempo… Days turn into years. While no one really cares… El metro se acerca y ella le sonríe por última vez al niño que toma la mano de su madre le ofrece, aparta la mirada para centrarse en la llegada del vagón cuando  de pronto una persona salta a las vías y es impactada con la enorme maquinaria en movimiento para resbalar y perderse bajo ocho vagones y cientos de personas…  A secret deep inside your mind. No fear just another empty lie. So tired of being no one. He's tired of it all… Un grito de incredulidad, sorpresa, impotencia y miedo al mirar las vías cuando el último vagón descubrió un espacio salpicado de sangre y con un cuerpo inerte desmembrado, al parecer de una chica como de su edad y con su mismo uniforme escolar. Un grito, seguido de otros más fuertes e incordinados ¿Imaginas el sonido?

Una pareja solitaria en una sala de hospital cuyo único acompañante es un reloj que descaradamente muestra la hora muerta discute sobre las causas de su presencia en el lugar y el papel que jugó su hijo pequeño en aquella historia tan larga para un solo día. Sumergidos en aquel ambiente de culpas, tensión  y rostros consumidos por la espera no se percataron de la llegada de  un médico que más que caminar arrastraba el alma y su cansada presencia. Su voz pastosa hizo el silencio total solo para anunciar “Lo siento. Su cuerpo no soporto la cirugía, realizamos reanimación pero no respondió murió siendo las 3:13” Un grito de esos que desgarran el corazón y suenan a una tristeza que pocos llegan a sentir a lo largo de la vida pero en los que se puede escuchar algo que se rompe para dar lugar a la desolación, la inestabilidad del alma y luego… nada ¿oyes un lamento?


Hay miles de gritos diferentes todos los días solo espero que no los escuches jamás.

jueves, 11 de mayo de 2017

                                         Falsedades


El tiempo pasa, pasa tan lento que a veces me pregunto  cómo es que sigue habiendo cosas de las que no me doy cuenta y como la gente puede despertar cada día con la certeza de que no morirá antes de finalizar la jornada. Morir. Una palabra bastante fuerte pero con diferentes significados dependiendo del contexto; una chica que habla de morir cuando llega tarde al trabajo no es más que una broma sin sentido mientras que un joven que se encuentra en lo alto de un puente solitario sosteniéndose al frio barandal con una sola mano y a la realidad con un pensamiento de temor a lo desconocido, es un poco más certero su destino, pero eso nadie lo sabe, ni siquiera él. Ojala esa duda hubiera permanecido en Carlos el tiempo suficiente.

Un rayo amenaza las ventanas con esa luz electrizante en tonos blancos que suele atemorizar a los niños y a los adultos que no sabemos lo que buscamos en la soledad de una habitación sin oficio más que el de escribir plegarias falsas e historias sin fundamento mientras escuchamos el clap de las teclas o el roce de la pluma en el papel, tan hiriente, tan vacío y tan lleno de verdades a medias que terminan por ser fragmentos de una próxima mentira.

“Las mentiras son como las rosas marchitas y bañadas en gasolina, tiernas pero inútiles y propensas al desastre” fue lo que él dijo antes de cerrar la puerta y salir hacia el bosque Aokigahara con una larga cuerda colgada al hombro, pero de eso  me enteré hasta que el avión aterrizó  y recibí una llamada de Makoto cuya voz sonaba extraña pero que relataba el mismo informe que nunca escucharía de la policía local y el personal forense porque sin importar la situación en que me encontrara aquí y justo ahora con las lágrimas contenidas, ya no regresaría.


Egoísmo lo llamarán todos pero para mí las cosas y las personas incluyéndome solo existimos por un periodo de tiempo muy corto en este viejo mundo, tan viejo que las muertes solo son gajes del oficio de la providencia o alguna deidad aledaña por lo que son inevitables. Esa y muchas otras falsas razones fueron las que memorice mientras la lluvia cuyo inicio no percibí había poblado la ventana con patéticas gotas borrando la visibilidad de un entorno gris dentro de un mundo podrido, dentro una habitación, dentro de una historia igual de podrida.

viernes, 5 de mayo de 2017

Entre miradas y pasos

Hay personas a las que les importa mucho el que dirán o el como se ven a los ojos de los demás mientras que otras saben disimularlo muy bien, por desgracia no soy de las que saben fingir…

En momentos miro mis pies y sigo contando las hojas que piso, las personas con las que me encuentro y las miradas que cruzo sin ninguna expresión en el rostro, algo así como curiosidad y timidez disfrazada de indiferencia, algo que me sale bien porque lo he practicado toda mi vida desde que descubrí lo incomoda que me sentía cuando “socializaba” con personas y me sometía al escrutinio  del otro mientras yo hacía lo mismo. Los gestos, las expresiones corporales y algunas palabras atrapadas en las oraciones comunes son un gran punto de partida para la primera impresión y a mí no me gustaba ser descubierta o engañar con la apariencia.

Así que seguía caminando e inventando la vida de los que me encontraba de frente; un hombre que venía escapando de su trabajo para encontrarse con una mujer cuyo título de esposa nunca tendría pero que conocía el arte de la infidelidad, o tal vez unos ojos cansados pero dotados de la clarividencia de una mujer que vio morir a sus 3 hijos en sueños antes del inminente aborto, la desastrosa  accidente y aquel asalto con arma de fuego que se llevó un auto y un espíritu de acompañante. Y como no mencionar al chico de 21 años que venía de firmar un contrato con una compañía discográfica para debutar con su banda de indie rock formada apenas tres años atrás a escondidas de sus padres, los cuales a regañadientes le habían regalado la guitarra que llevaba colgada a la espalda pero que esperaban que su único hijo se convirtiera en abogado y dejara las tonterías de música para el entretenimiento de las fiestas familiares.


Mezclando los pasados y futuros ajenos me olvidaba felizmente de mí y de mi nombre  hasta que un charco cuyo reflejo no pude esquivar me devolvió entre las ramas de un árbol un cielo gris amenazando con descargar su furia sobre los seres distraídos que con o sin dirección  solían mirar sus pasos mientras acomodaban la siguiente pieza de su rompecabezas personal, mientras hacían crujir las hojas que habían sido disecadas por el viento.

sábado, 29 de abril de 2017

                                                              Un escalón para cavilar

Sentada en el séptimo escalón de aquella casa tan grande como vacía, totalmente sola como siempre había estado, esperando aquel sentimiento que conocía bien y cuya aura me había sido anunciada durante toda la mañana mientras recordaba su rostro y su misteriosa sonrisa que pocas veces mostraba. Era un chico extraño y aún más reservado que todos los que había conocido. Lo odiaba. ¿Por qué? Por el simple hecho de haber avivado en mi esa curiosidad que me había llevado a tantas estupideces en épocas pasadas y que solía ocultar bajo una indiferencia respecto a su vida y mi presencia en ese lugar y momento, el cual compartíamos voluntariamente obligados por razones diferentes y argumentando ser malos estudiantes.

Ahora empezaría a recordar todo lo que había dicho y hecho durante su presencia, sus reacciones y gestos, poniendo especial atención en todo lo que aportaba datos a su personalidad tan esquiva para mí. ¿Por qué me parecía interesante? Aun no lo entiendo, ni siquiera puedo recordar todos los detalles de su rostro lo cual es una ventaja porque así no me detendré a pensar en los detalles de sus ojos, la curvatura de sus cejas o la forma de su nariz y por tanto caer en mis propios estereotipos y en cuanto me pueden llegar a gustar sus defectos.

Sin embargo es en sus malditas palabras donde quedo atrapada, donde siento un extraño placer al identificarme con sus miserias bajo el nombre de alguien más, donde las palabras que suelen transformarse para tomar cualquier forma; un rostro, un paisaje, una muerte, un sueño, una traición, un miedo, entre muchas otras cosas, tornan la silueta de un joven vacilante al hablar pero con fluidez para escribir y peor aún de una loca que lee, recuerda y no logra armonizar ni siquiera su propia cabeza con la sensación que la embarga porque es incapaz de llamarla interés.


De la misma manera que los pájaros silvestres revolotean sobre las sobras de alpiste que deje caer esta misma mañana antes de irme, así los pensamientos guiados por la curiosidad en torno a ese joven rondan a mi alrededor entre el sexto y octavo escalón de aquella casa con un solo habitante.
Simples titulos....

La única presentación a la que tengo derecho como novata es aquella que hable de mis intereses o las razones por la que escogí escribir en un lugar donde tal vez alguien durante sus ratos de vaguedad en la web pueda acceder y opinar o criticar con singular alegría sobre lo que aquí se relata bajo el nombre de una persona sin rostro cuyo único beneficio es el placer de imaginar a alguien detrás de otra pantalla leyendo mis incoherencias y lagunas mentales. (Debo decir que es algo estimulante)

Para la introducción que nadie pidió… de nada :D  Hablaré un poco de mis argumentos detrás del título de este blog.

El papel carece de fuerza, y son las palabras las que le dan validez, certeza y una especie de realidad contenida en trazos incomprensibles dependiendo de la caligrafía, el país y las intenciones del escritor por lo que si un conjunto de hojas atiborradas de letras no es suficiente para probar su necesidad de existir bajo la mirada de algún humano es inevitable el encuentro final con un objeto cortante que deformara las oraciones, luego separara las palabras y por ultimo desperdigará las letras eliminando así todo rastro de comunicación con un emisor anónimo.

Ese ha sido el destino de todos los escritos bajo mi tutela y lo seguiría siendo si no los plasmara aquí, sin embargo corren un riesgo similar solo que en un intento de salvar las pobres hojas de papel decidí compartirlo por un tiempo y así dejar que las palabras fluyan para luego quedar atrapadas en una plataforma electrónica hasta que decida ser la tijera humana que las desintegre. Lindo no?

Como sea, ya están aquí y lo estarán cada semana. Podrán ser fragmentos de alguna historia, situaciones de interés colectivo, anécdotas, cuentos cortos o reflexiones de la cotidianidad.

Sentirse libre de comentar es la parte más divertida no?