Farolas y despedidas
Recuerdo que le dije que tenía
una buena historia para esto.
No necesité mucho tiempo para ver que tan lejanos nos habíamos vuelto y cuanto me alegraba que terminara antes de que me conociera tal cual era.
Recuerdo que después de decidirme mire por penúltima vez la farola que había presenciado nuestros últimos encuentros y pensé “hacia donde alcanzará a llegar su luz cuando hayan pasado los años suficientes para remplazarla? ¿Es igual de efímera como los amores de juventud? ¿Es igual de superficial como esas miles de parejas que pasan riendo, discutiendo, besándose cada día mientras su única razón de ser es la mutua compañía” Patético; pensar en muchas cosas cuando no se quiere pensar en lo necesario y que más duele. Pero aquí estoy jurando que será la última vez.
Historias igual a mentiras.
Mentiras igual a falsedad.
Falsedad igual a desinterés que es igual a pérdida de algo que no recuerdo, igual a la araña que sube por la farola justo donde ahora apoyo mi mano solo para aferrarme a algo ajeno y sin importancia pero real porque justo ahora él me parece más ficticio que el pretexto que pienso poner para que todo lo que teníamos desaparezca. Pero no importa. Me iré en unas horas y pienso olvidarlo todo.
Ese tipo de cosas se le dan bien a las personas que odian la intimidad que proporciona el ser descubiertas física y sentimentalmente por el otro al que creen amar. ¿Inseguridad? ¿Miedo? Puedes llamarlo como quieras porque para mi es una especie de instinto que evita que alguien además de nosotros mismos nos quiebre un poco más el alma de los que nuestra propia miseria y odio personal puede hacer. Está bien, solo necesito dejar de pensar. Mente aturdida, palabras vacías.
La luz de la farola es cada vez más débil, supongo que se siente desplazada por el sol que amenaza desde un lado del mundo pintando tontos tonos de rosa y naranja que solía mirar cuando era una niña mientras ese sentimiento de admiración infantil me invadía como solo las cosas más cotidianas pueden hacerlo a esa edad. Solía ser buena y menos egoísta pero ya no importa. En cuanto él se aleje primero yo volveré a mi nada en algún lugar de Marruecos.
Las historias están tomando forma en mi cabeza y se convierten en palabras falsas pero seguras.
Agito la mano para que me vea, sonrío cuando se acerca, no lo nota, estoy a punto de irme.
No necesité mucho tiempo para ver que tan lejanos nos habíamos vuelto y cuanto me alegraba que terminara antes de que me conociera tal cual era.
Recuerdo que después de decidirme mire por penúltima vez la farola que había presenciado nuestros últimos encuentros y pensé “hacia donde alcanzará a llegar su luz cuando hayan pasado los años suficientes para remplazarla? ¿Es igual de efímera como los amores de juventud? ¿Es igual de superficial como esas miles de parejas que pasan riendo, discutiendo, besándose cada día mientras su única razón de ser es la mutua compañía” Patético; pensar en muchas cosas cuando no se quiere pensar en lo necesario y que más duele. Pero aquí estoy jurando que será la última vez.
Historias igual a mentiras.
Mentiras igual a falsedad.
Falsedad igual a desinterés que es igual a pérdida de algo que no recuerdo, igual a la araña que sube por la farola justo donde ahora apoyo mi mano solo para aferrarme a algo ajeno y sin importancia pero real porque justo ahora él me parece más ficticio que el pretexto que pienso poner para que todo lo que teníamos desaparezca. Pero no importa. Me iré en unas horas y pienso olvidarlo todo.
Ese tipo de cosas se le dan bien a las personas que odian la intimidad que proporciona el ser descubiertas física y sentimentalmente por el otro al que creen amar. ¿Inseguridad? ¿Miedo? Puedes llamarlo como quieras porque para mi es una especie de instinto que evita que alguien además de nosotros mismos nos quiebre un poco más el alma de los que nuestra propia miseria y odio personal puede hacer. Está bien, solo necesito dejar de pensar. Mente aturdida, palabras vacías.
La luz de la farola es cada vez más débil, supongo que se siente desplazada por el sol que amenaza desde un lado del mundo pintando tontos tonos de rosa y naranja que solía mirar cuando era una niña mientras ese sentimiento de admiración infantil me invadía como solo las cosas más cotidianas pueden hacerlo a esa edad. Solía ser buena y menos egoísta pero ya no importa. En cuanto él se aleje primero yo volveré a mi nada en algún lugar de Marruecos.
Las historias están tomando forma en mi cabeza y se convierten en palabras falsas pero seguras.
Agito la mano para que me vea, sonrío cuando se acerca, no lo nota, estoy a punto de irme.




