Falsedades
El tiempo pasa, pasa tan lento
que a veces me pregunto cómo es que
sigue habiendo cosas de las que no me doy cuenta y como la gente puede
despertar cada día con la certeza de que no morirá antes de finalizar la
jornada. Morir. Una palabra bastante fuerte pero con diferentes significados
dependiendo del contexto; una chica que habla de morir cuando llega tarde al
trabajo no es más que una broma sin sentido mientras que un joven que se
encuentra en lo alto de un puente solitario sosteniéndose al frio barandal con
una sola mano y a la realidad con un pensamiento de temor a lo desconocido, es un
poco más certero su destino, pero eso nadie lo sabe, ni siquiera él. Ojala esa
duda hubiera permanecido en Carlos el tiempo suficiente.
Un rayo amenaza las ventanas con
esa luz electrizante en tonos blancos que suele atemorizar a los niños y a los
adultos que no sabemos lo que buscamos en la soledad de una habitación sin
oficio más que el de escribir plegarias falsas e historias sin fundamento mientras
escuchamos el clap de las teclas o el roce de la pluma en el papel, tan hiriente,
tan vacío y tan lleno de verdades a medias que terminan por ser fragmentos de
una próxima mentira.
“Las mentiras son como las rosas
marchitas y bañadas en gasolina, tiernas pero inútiles y propensas al desastre”
fue lo que él dijo antes de cerrar la puerta y salir hacia el bosque Aokigahara
con una larga cuerda colgada al hombro, pero de eso me enteré hasta que el avión aterrizó y recibí una llamada de Makoto cuya voz sonaba
extraña pero que relataba el mismo informe que nunca escucharía de la policía local
y el personal forense porque sin importar la situación en que me encontrara aquí
y justo ahora con las lágrimas contenidas, ya no regresaría.
Egoísmo lo llamarán todos pero
para mí las cosas y las personas incluyéndome solo existimos por un periodo de
tiempo muy corto en este viejo mundo, tan viejo que las muertes solo son gajes
del oficio de la providencia o alguna deidad aledaña por lo que son inevitables.
Esa y muchas otras falsas razones fueron las que memorice mientras la lluvia
cuyo inicio no percibí había poblado la ventana con patéticas gotas borrando la
visibilidad de un entorno gris dentro de un mundo podrido, dentro una habitación,
dentro de una historia igual de podrida.

