Entre miradas y pasos
Hay personas a las que les
importa mucho el que dirán o el como se ven a los ojos de los demás mientras que
otras saben disimularlo muy bien, por desgracia no soy de las que saben fingir…
En momentos miro mis pies y sigo
contando las hojas que piso, las personas con las que me encuentro y las
miradas que cruzo sin ninguna expresión en el rostro, algo así como curiosidad
y timidez disfrazada de indiferencia, algo que me sale bien porque lo he
practicado toda mi vida desde que descubrí lo incomoda que me sentía cuando “socializaba”
con personas y me sometía al escrutinio del
otro mientras yo hacía lo mismo. Los gestos, las expresiones corporales y
algunas palabras atrapadas en las oraciones comunes son un gran punto de
partida para la primera impresión y a mí no me gustaba ser descubierta o
engañar con la apariencia.
Así que seguía caminando e
inventando la vida de los que me encontraba de frente; un hombre que venía
escapando de su trabajo para encontrarse con una mujer cuyo título de esposa
nunca tendría pero que conocía el arte de la infidelidad, o tal vez unos ojos
cansados pero dotados de la clarividencia de una mujer que vio morir a sus 3
hijos en sueños antes del inminente aborto, la desastrosa accidente y aquel asalto con arma de fuego que
se llevó un auto y un espíritu de acompañante. Y como no mencionar al chico de
21 años que venía de firmar un contrato con una compañía discográfica para
debutar con su banda de indie rock formada apenas tres años atrás a escondidas
de sus padres, los cuales a regañadientes le habían regalado la guitarra que
llevaba colgada a la espalda pero que esperaban que su único hijo se
convirtiera en abogado y dejara las tonterías de música para el entretenimiento
de las fiestas familiares.
Mezclando los pasados y futuros
ajenos me olvidaba felizmente de mí y de mi nombre hasta que un charco cuyo reflejo no pude
esquivar me devolvió entre las ramas de un árbol un cielo gris amenazando con
descargar su furia sobre los seres distraídos que con o sin dirección solían mirar sus pasos mientras acomodaban la
siguiente pieza de su rompecabezas personal, mientras hacían crujir las hojas
que habían sido disecadas por el viento.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario