Estar
Hoy vino mi madre y al verla la
enfermera volvió a mentirle. ¿Cuantas veces más debo escuchar esperanzas vacías?
Supongo que ese es precio por permanecer así; a veces soñando a veces imaginándome
en otro lugar o simplemente esperando.
Poco a poco se vuelve más difícil
saber que sonido es real y cual lo he inventado para sobrellevar este estúpido ruido
en mi cabeza; la voz de mi hijo deseándome un buen día en el trabajo, la voz de
mi madre encargando despensa, el sonido del teléfono que no pude contestar
antes de partir y que nunca sabré quien tendría la fortuna de escuchar mi última
risa, porque claro, justo ahora considero una fortuna todo lo que implica
vivir.
Ahora vendrá un médico como cada día a decirle
a mi madre cosas que preferiría no saber, como la condición de mis piernas, el
estado de mi sistema neurológico -ojala le dijera como callar los recuerdos- o
la apariencia de mi piel cuyo estado me tiene sin cuidado ¿A quién le interesa
eso cuando no se siente ni el aire que se respira? Que estupidez. Al final cuando
mi madre haya tratado de hacerse una idea bastante clara él también le mentira.
No los juzgo.
Estar sin estar. La materia y el espíritu
a punto de separarse. Si dejara de pensar en todo lo que hay fuera de mi cuerpo
o conectado a el y lo tenía hace unas semanas, estaría bastante bien.
Se han ido, primero el médico con
paso apresurado y después mi madre dejando en mi memoria unos cuantos sollozos que
ruego a Dios que haga callar antes de llegar a casa y mirar a Marcos.
Silencio, bendito silencio… “no
puedes faltar a la junta del viernes” “ya estamos ensayando para el festival de
la independencia mamá” “cuando llegues a casa…” “él dijo que el reporte…” “la
portada estará termin…”
Vacío
