lunes, 17 de julio de 2017

Estar

Hoy vino mi madre y al verla la enfermera volvió a mentirle. ¿Cuantas veces más debo escuchar esperanzas vacías? Supongo que ese es precio por permanecer así; a veces soñando a veces imaginándome en otro lugar o simplemente esperando.

Poco a poco se vuelve más difícil saber que sonido es real y cual lo he inventado para sobrellevar este estúpido ruido en mi cabeza; la voz de mi hijo deseándome un buen día en el trabajo, la voz de mi madre encargando despensa, el sonido del teléfono que no pude contestar antes de partir y que nunca sabré quien tendría la fortuna de escuchar mi última risa, porque claro, justo ahora considero una fortuna todo lo que implica vivir.

 Ahora vendrá un médico como cada día a decirle a mi madre cosas que preferiría no saber, como la condición de mis piernas, el estado de mi sistema neurológico -ojala le dijera como callar los recuerdos- o la apariencia de mi piel cuyo estado me tiene sin cuidado ¿A quién le interesa eso cuando no se siente ni el aire que se respira? Que estupidez. Al final cuando mi madre haya tratado de hacerse una idea bastante clara él también le mentira. No los juzgo.

Estar sin estar. La materia y el espíritu a punto de separarse. Si dejara de pensar en todo lo que hay fuera de mi cuerpo o conectado a el y lo tenía hace unas semanas, estaría bastante bien.

Se han ido, primero el médico con paso apresurado y después mi madre dejando en mi memoria unos cuantos sollozos que ruego a Dios que haga callar antes de llegar a casa y mirar a Marcos.

Silencio, bendito silencio… “no puedes faltar a la junta del viernes” “ya estamos ensayando para el festival de la independencia mamá” “cuando llegues a casa…” “él dijo que el reporte…” “la portada estará termin…”


Vacío